La privacidad ha muerto… y eso no necesariamente es malo

La privacidad ha muerto… y eso no necesariamente es malo

En días recientes nos hemos enterado de algo que ya sabíamos. Nuestros aparatos electrónicos nos están espiando. Pero antes de que corran a desconectarlos y a ponerse un sombrero de aluminio para evitar que “Big Brother” nos espíe, déjenme explicarles por qué eso no es algo necesariamente negativo.

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El más reciente escándalo que ha detonado esta conversación es un incidente que sucedió con un aparato llamado “Echo” de la compañía Amazon. Este dispositivo presuntamente grabó y envió una conversación entre una pareja a uno de sus contactos, sin informarle a la pareja que esto había sucedido.

Por supuesto, la nota redactada de esta manera sensacionalista es mucho más jugosa para los medios, que la pedestre y poco sensacionalista realidad, el dispositivo solo estaba realizando lo que debía hacer.

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Desde que el hombre es hombre, hemos deseado temido ese día en el que finalmente seremos reemplazados por una especie superior, y nada ha sido tan efectivo en ese sentido como la tecnología, y eso habla de nuestra soberbia como raza, “aquello que nos va a suplantar, tendría que haber sido creado por nosotros mismos”.

¿Llegará ese día que tanto tememos? Probablemente. ¿Debería prepararme hoy mismo para el apocalipsis de los robots? Probablemente no.

Si bien la llamada Inteligencia Artificial ha avanzado a pasos gigantescos en los últimos años, aún estamos muy lejos de ese futuro promisorio en el que las máquinas son indistinguibles de cualquier ser humano. Ya lo comentábamos hace algunos episodios atrás cuando Google Mostró su servicio “Duplex” que permitía que una máquina llamara por teléfono a un negocio para agendar una cita, haciendo uso de inflexiones vocales nunca antes vistas por la audiencia y para uso práctico dejándonos la idea de que el futuro había llegado.

Los Pixel Buds no fueron lo que prometieron

Los Pixel Buds no fueron lo que prometieron

Y no demerito el logro obtenido por Google, de ninguna manera. Lo que no hemos hecho es contextualizarlo, nunca nos dijeron cuántas llamadas previas tuvieron que hacer antes de que pudieran realizar esa demostración, no nos dijeron cuántas llamadas son exitosas, por cuantas fallidas de manera espectacular. Vaya, el mismo Google mostró un año antes unos audífonos que prometían traducciones casi simultaneas entre dos idiomas (link google translate google io 2017), y la demostración prometía revolucionar el mundo; el producto real no tanto.

Y no es que el producto final fuera malo, de ninguna forma, pero la idealización de los alcances de la tecnología siempre superará al producto final.

Esto nos lleva al escándalo de Amazon, este dispositivo constantemente esta “escuchando” los sonidos a su alrededor hasta escuchar la palabra que detona su funcionamiento: “Alexa”, una vez que el dispositivo identificó algo que suene razonablemente similar a la palabra, empezará a escuchar constantemente los sonidos alrededor, buscando palabras claves o “comandos” que un procesador de palabras en los servidores de Amazon interpretarán para devolver una respuesta al usuario.

La realidad es que cuando este dispositivo funciona, es fácil maravillarse de sus capacidades, desde el simple comando de solicitarle la temperatura ambiental, hasta el cuasi-prodigioso hecho de que podemos solicitarle que controle algún otro dispositivo conectado en el hogar. Sin embargo, y como comentábamos, es fácil olvidar todas las veces anteriores en que el dispositivo reaccionó a “falsos positivos”, esto es, reaccionó cuando no se le estaba llamando, o todas aquella veces en que el dispositivo no pudo entender que es lo que le estábamos solicitando.

Imaginen este escenario en ese contexto, una pareja hablando acerca de los pisos en su casa:

…llamé a Alejandra, pero no la encontré así que dejé una grabación solicitándole que me cotizara pisos de madera para la casa. Iba manejando así que en el alto recordé que tenía que llamar a Carlos para confirmar mi cita por la tarde. ¿Lo encontraste? Si…

Ahora pongámoslo en el contexto del Amazon Echo:

Echo Dot, black and white.jpg
“… Aleja”
Amazon Echo: “Si”
…”Grabación”
Amazon Echo: “ok”
…”que me cotizara pisos de madera para la casa”…”alto”
Amazon Echo: “¿A quién quieres enviar la grabación?”
…”Carlos”
Amazon Echo: “¿Deseas enviar esta grabación a Carlos?”
…”si”

Si bien, el ejemplo suena a demasiadas coincidencias, pues eso fue lo que efectivamente sucedió . Pero esta explicación no genera titulares que generan tráfico a las páginas que cubren la noticia.

Y en ello radica el problema, debido a este desafortunado incidente de nuevo ha salido a la luz pública el tema de la privacidad, que aunado con las desastrosas políticas de Facebook nos hacen temer por nuestra privacidad y la cantidad de información que tienen las compañías de nosotros los usuarios.

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Y si bien, nadie podría probar que tanto Facebook, como Google, como Amazon u otros cientos de compañías no planean utilizar esta información que recolectan de los usuarios de manera poco ética, tampoco debemos condenar a la tecnología a una cacería de brujas asumiendo que toda actividad tiene fines nefastos.

Todas las compañías requieren de información de nosotros los usuarios para que esas promesas de un futuro utópico donde la interacción con las máquinas sea perfectamente transparente. Google lo hace analizando los millones de búsquedas que se hacen cada segundo en su sitio, de igual manera Google “lee” todos los correos que llegan a su servicio de Gmail. Pero, ¿Han notado que cada vez las búsquedas son más precisas? ¿Han notado que la cantidad de correo basura es menor?

Netflix hace lo mismo con nuestras conductas, observa y analiza nuestros hábitos mientras usamos su servicio, es por eso que sabe cuáles son nuestros gustos y nos recomienda series similares, también basado en esto sabe que programas son exitosos y puede proceder a hacer series similares para mantenernos pagando por su servicio.

Facebook es el ejemplo más extremo de esto, sabe nuestra información personal, donde vivimos, nuestra edad, quienes son nuestros amigos, que tenemos en común con ellos, que intereses tenemos, vaya incluso pueden predecir con bastante precisión nuestras afinidades políticas.

Todo esto entendiblemente causa temor e incertidumbre, ya que estamos depositando información que consideramos valiosa y que para usos prácticos define quienes somos, y hemos sido víctimas históricamente en numerosas ocasiones de individuos, y más recientemente, corporaciones que han intentado abusar de esta confianza depositada en ellos.

Pero también hemos recibido avances que hacen nuestra vida mucho más sencilla, y nos permiten enfocarnos en los aspectos que más nos interesan. Nos permiten comunicarnos mucho mejor y con más personas que comparten nuestros intereses y de quienes nunca habríamos sabido si no fuera por este conocimiento que tienen las compañías acerca de nosotros.

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No creo que haya forma de volver al pasado en que el compartir información requería de esfuerzos sobre-humanos y que cuando se había finalizado su obtención, por su misma temporalidad ya se había vuelto obsoleta. Pero para ello debemos saber que cada vez que compartimos algo, o buscamos algo, alguien nos estará observando. Si, la privacidad ha muerto… y eso no necesariamente es malo.

Apple WWDC 2018

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